Ruth

LA VOZ DEL DESTINO

«Tienes una hija. Estás preocupada porque está en el mundo. Ya verás, ella amará a Jesús más que cualquier persona». Antes de conocer al Profeta T.B. Joshua, el hombre a quien Dios usó para cambiar mi vida para siempre, él ya le había profetizado a mi madre acerca del amor que me llevaría hacia mi destino.

Había nacido en una familia Cristiana de clase media, educada y un tanto excéntrica en Winchester, Inglaterra. Había crecido con una pasión por la moda, el arte, los idiomas y la literatura; mi vida no pudo haber estado más alejada de un ministerio de un profeta lleno del Espíritu a las afueras de Lagos, Nigeria.

En el año 2001, un casete titulado «Los milagros divinos parte 5» llegó a las manos de los líderes de mi iglesia local que se encontraban reunidos en Winchester, y desde entonces los corazones de mis padres se habían avivado. Durante el verano del 2002, cuando visité por primera vez La Sinagoga, Iglesia de Todas las Naciones (La SCOAN) con un grupo de la misma iglesia en Reino Unido, lo que vi en T.B. Joshua, «El hombre de la Sinagoga», fue un hombre que había hecho de Jesús su mejor amigo. Lo único que quería era que aceptaras a su mejor amigo, de eso se trató toda su vida Jamás había visto a alguien tan apasionado, tan genuino, tan semejante a un niño y aun así, tan poderoso. Era una experiencia que no se podía tomar a la ligera: te gustará o no, la vida jamás sería igual.

«Si crees a Jesús por Su Palabra con una fe simple, verás los mismos resultados que vieron los primeros apóstoles». Esto fue lo que él dijo y esto fue lo que vi: jamás olvidaré la línea de pacientes de VIH que sostenían sus pancartas cayéndose como una baraja de cartas sin que el profeta siquiera los tocara, ni a un hombre con cáncer de ano que gritaba lleno de gozo porque podía sentarse por primera sin dolor en un banco de madera.

Me encontré, un tanto a regañadientes, en lo que parecía ser una escena de la Biblia: milagros crudos de un Dios crudo para creyentes crudos. Y digo «a regañadientes» porque a los 18 años, el mundo aún tenía un encanto para mí. A pesar de que estaba en búsqueda de la verdad, en realidad no estaba lista para el compromiso de una relación más profunda con Dios.

Incluso al no estar lista para Dios, Él ya me había contemplado. En medio de los milagros, la multitud, el ruido, el profeta se giró y me miró directamente diciendo, «¿Ya has aceptado a Jesús?». Él lanzó la pregunta y esta era más que solo palabras: era una espada que había rasgado mi corazón dejando una marca para los años venideros.

El Jesús del que él hablaba era Jesús en el poder del Espíritu Santo. Durante es semana, él me presentó a Su Jesús: al Jesús de amor, al Jesús de la verdad, a Jesús el Hacedor de milagros. A pesar de que la semilla estaba plantada, mi corazón aún no estaba preparado para que la llama ardiera – se posó pero se atenuó. El consejo que recibí del profeta cuando lo vi uno a uno antes de regresar a casa fue: «Estás lista para aceptar a Jesús? Tienes que tener cuidado con tus amigos». Sin embargo, el consejo no se había asentado en mi corazón. 

Había permanecido como un dolor latente al fondo de mi mente, que era la voz de mi consciencia al comenzar a huir, huir de Dios. 

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Los padres que ponen la vida espiritual de sus hijos por encima de cualquier ámbito material, académico o de estatus social son un extraordinario tesoro en esta época, y yo tuve la bendición de tenerlos. Tal y como el profeta me lo dijo repetidamente años después: «tus padres se han esforzado mucho por ti».

Durante los dos años siguientes, mientras yo sentía que me enamoraba perdidamente de un mundo de falsedad, mis padres jamás dejaron de orar por mí. Fue hasta que después de cursar el segundo año de Literatura Inglesa y Español en la Universidad de Exeter, y cuando estuve a punto de viajar a México para cursar el tercer año de mi titulación me convencieron para que visitará al profeta en Lagos una vez más.

Lo que experimente durante esa semana en Agosto de 2004 fue simple: el amor incondicional de Jesús que extendía Su mano para alcanzarme. El Apóstol Pablo dijo que él se había hecho de todo para que algunos fueran salvos (1 Corintios 9:22). Eso fue lo que el Profeta T.B. Joshua hizo por mí y estoy profundamente agradecida.

«¡Corre! ¡El profeta te está llamando!», gritaban mientras yo corría por toda la galería para entrar a un vehículo que esperaba fuera de la iglesia. Cuando entre vi al Profeta T.B. Joshua sonriéndome. Me llevó a la montaña de oración donde después de caminar por una densa vegetación y tras un corto paseo en bote desembarcamos en una pequeña isla en donde habían unas esculturas enormes de Jesús con Sus discípulos

Esperaba ser tratada como la extraña que era pero la muestra de amor paternal me tomó por sorpresa y todo lo que pude decir fue gracias. «Después de todo el amor que Jesús te ha demostrado, ¿qué vas a hacer con Jesús?», me preguntó. Eso fue todo: la decisión más importante es lo qué hacemos con Jesucristo. La segunda decisión más importante es seguir Sus pasos diariamente.

Después, estando en la oficina del profeta, llego una advertencia: «Hay una corona, una promesa de Dios para tu vida. Pero si tomas tu propio camino, el resultado será malo. Has sido protegida de los frutos de tu pecado porque tu familia ha estado orando por ti – pero si das un paso fuera de la voluntad de Dios, regresarás enferma y no te recuperarás».

La batalla había empezado: sabía que no sería experiencia a medias del llamado al altar, sino que por lo contrario era todo o nada. Las lágrimas se derramaban por mis mejillas, en mi corazón retumbaban las palabras del profeta. Él me había regalado una Biblia, me bendijo con dinero, me reconcilió con mis padres y me hizo prometer que jamás negociaría mi destino sino que aceptaría en verdad a Jesús. Cuando viajé a Ciudad de México para enseñar inglés con el Consulado británico, sabía en lo más profundo de mi ser que no podía huir para siempre, que un día regresaría.

Con frecuencia, no es hasta que experimentamos la oscuridad que reconocemos y apreciamos la luz. Al estar en México durante un año y sumida en las tinieblas por decisión propia, me di cuenta que en verdad necesitaba a Dios.

Así como Jonás terminó en el vientre de una ballena, cada intento de escapar me traía de vuelta sobre mis rodillas. Después de haber experimentado mucho de este mundo con tan solo 21 años de edad, mi corazón anhelaba algo real y mis padres me dijeron que el regalo que me darían por mi cumpleaños sería pagar por cualquier viaje que ayudara mi vida espiritual. Así que en agosto de 2005 estaba de regreso en La SCOAN, en Lagos, Nigeria.

Recibida como la hija pródiga, experimenté por primera vez el gozo y la paz que solo trae el verdadero arrepentimiento. Bajo una instrucción divina, culminé mis estudios y me gradué con mención de honor en Español y Estudios Latinoamericanos de la Universidad Goldsmiths de Londres. Durante mi último año en la universidad, se había empezado a encender una pasión en mi corazón por una relación más profunda con Dios y Su Palabra y en junio de 2006 había regresado a Lagos, para nunca mirar atrás.

EN LAS MANOS DEL ALFARERO

Desde un punto de vista natural, el haber tomado la decisión de quedarme en Nigeria para ser discípula de T.B. Joshua a los 22 años de edad no tenía ningún sentido, sin embargo, para mi corazón era lo más sensato que hubiera hecho antes. Hasta que llegue a entender que para las cosas de Dios, incluso aunque sean rechazadas por nuestro razonamiento, las anhela nuestro corazón.

He aquí un profeta Bíblico que vivía diariamente el Libro de los Hechos. Cada una de sus palabras eran una perla de sabiduría. Daba de su tiempo, de sus años para mentorearnos. Él fue, es y será por siempre el Amado de Dios.

Todo esto fue un preludio, las páginas iniciales; el verdadero viaje para mí empezó en junio de 2006 cuando fui para ser una discípula del Profeta T.B. Joshua. Impulsada por una fuerza que no podía entender, mi corazón jamás me permitió ponerle un tiempo límite a Dios. Las semanas se convirtieron en meses que se reflejaron en años, y allí, aún seguía esforzándome, aprendiendo y buscando.

No había monotonía, ni un programa establecido, ni un marco mental religioso, sino un caminar, un dialogar y un convivir con un hombre que nadie pudo predecir jamás: un hombre que escuchaba de Dios.

Vi a muchos llegar y a muchos marcharse.

Si las sillas de nuestro salón de reuniones pudieran hablar, contarían escenas a que a lo largo de los años fueron de aprendizaje, de correcciones, de lecciones del carácter humano, de risas, llantos, predicaciones y de horas derramadas sobre la Biblia hasta que llegara la revelación.

Para mí fueron quince años de vivir el proceso de Dios y en el campo de entrenamiento de Dios las historias serán contadas, las lecciones serán compartidas y las experiencias nos sobrevivirán.

En la universidad del Espíritu, el corazón era el taller y el proceso era más importante que cualquier resultado que se pudiera obtener.

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El profeta siempre nos dijo que ese entrenamiento se terminaría algún día pero nunca nos imaginamos como sería ese final.

Como me lo dijo con sus propias palabras el 11 de noviembre de 2020: «Este viaje del Espíritu no espera a nadie. Cuando el Espíritu me llame, me iré. No podré estar gritando “¡Ruth, Ruth, Ruth, ven!” ¡No podré esperar a nadie!».

Entonces, el 5 de junio de 2021 fue tan inesperado y aun así totalmente divino, el Espíritu vino a llamarlo.

El entrenamiento se había acabado y así como los discípulos de antaño, nos encontramos dispersados en todo el mundo, permitido por Dios y Su plan divino.

En primer lugar, fue Dios quien me trajo al profeta, fue Dios quien lo llevó cuando Él lo hizo y fue Dios quien me permitió estar en donde estoy en este momento. Entonces, ¿quién es el personaje principal en esta historia? En este viaje inimaginable, el personaje principal solamente puede ser Dios, sino nada de esto jamás tendría sentido.

El Profeta T.B. Joshua impartió una semilla en todos nosotros, una semilla que tiene el potencial de reproducirse para producir una increíble cosecha.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿en qué terreno está plantada esa semilla? Hoy, ¿cuál es el estado de tu corazón?

UNA DECISIÓN DE CORAZÓN

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Quizá el hombre más sabio que jamás haya existido dijo que el corazón del hombre es un pozo profundo. Nadie puede conocer su profundidad. El Rey Salomón sabía que Dios es quien sostiene los corazones de todos los hombres en Su mano y los inclina de acuerdo a lo que Él quiera. Esto no puede ser más cierto en la historia de mi vida.

Así como en el tiempo indicado por el Cielo, Dios transformó el corazón de los israelitas para que desearan que David fuera su rey, en el tiempo oportuno del proceso de Dios, Dios inclinó mi corazón para que amara al hombre que Él había destinado para mí. Racine y yo nos conocíamos desde hace quince años, estudiamos juntos, discutíamos juntos como colegas, nos comportábamos como hermanos, como discípulos en entrenamiento. En su vida vi un reflejo de la gran convicción de su corazón – la convicción de depender de la Palabra de Dios. A pesar de que siempre hubo un tácito y profundo entendimiento entre los dos y una pasión similar para entender la Palabra de Dios, ocurrió después de tan solo unos meses de la partida del Profeta T.B. Joshua, el momento más doloroso de nuestras vidas, que Dios a través de una revelación divina levantó el velo entre nosotros. Fue entonces cuando supe que lo que Dios decía sobre nuestra unión resonaba en la respuesta de mi corazón.

Mi mentor, el Profeta T.B. Joshua, me enseñó que el amor así como la fe no son pretenciosos brotan del corazón y que una decisión de corazón produce la idea de Dios. Lo he visto en su vida, y día tras día veo en mi propia vida que una decisión nacida de Dios puede hacer de uno el amado de Dios.

Si algo vi en la vida de nuestro mentor fue que no actuó de acuerdo a la sabiduría del mundo sino de acuerdo a la sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios parece contradecir el sentido común pero es una realidad. La historia de nuestras vidas y la de nuestra unión parece ir en contra del sentido común pero la realidad es más de lo que pude haber soñado.

Racine y yo tomamos la decisión de corazón de sellar nuestra unión ante Dios el 14 de febrero de 2022.

Y el 19 de junio de 2022, un año después de que nuestro mentor fuera llamado a Casa, inauguramos La Universidad de Dios.

El viaje continúa.
El viaje de justicia.
El viaje a la eternidad.

Oh Espíritu Santo, haz de mí una de esas almas excepcionales.